Si hubiera un premio Nobel a la estupidez y otro a la mala suerte, este sería el candidato ideal para ambos 
 

Hace unos días, el individuo entró a un banco, y empuñando una pistola demandó a la cajera todo el dinero disponible en una bolsa. En el nerviosismo del momento la bolsa se le cayó cuando se la entregaron.Para poder recoger los fajos de billetes, tuvo que meterse la pistola en el bolsillo, con tanta mala suerte que, al agacharse, se disparó hiriendose en una pierna.

El sangrante delicuente emprendió la fuga, corriendo con la pierna buena y arrastrando la otra. Al cruzar la calle buscando su coche, lo atropelló una camioneta, cuyo conductor ayudó al caco a salir de debajo del vehículo. El desgraciado quedó bastante magullado con el impacto y perdió dos dientes de oro en el sitio, mas no la bolsa con el dinero. A duras penas llegó a su coche y se dio a la fuga.

A las pocas manzanas, la bomba de tinta que utilizan muchos bancos en estas circunstancias, explotó dentro de la bolsa, bañando en tinta indeleble al magullado, dolorido y confuso asaltante.El susto fue tan grande que el hombre se estrelló contra un árbol.

Como pudo se arrastró hasta la casa mas cercana, y haciendo acopio de fuerzas saltó la verja, con tan escasa fortuna, que dos canes lo atacaron a dentelladas. El aterrorizado malviviente se defendió de los mastines con la bolsa del dinero, o lo que quedaba de ella.

Con el estruendo de la batalla, se alarmó la dueña de los caninos héroes, quien pensando que sus mascotas estaban siendo agredidas por el desconocido, la emprendió a escobazos con el flagelado en desgracia. Entre palos, dientes, sangre, tinta y moretones, el maltrecho infeliz corrió hasta el fondo de la casa y se arrojó a un canal. Pero el ladrón no sabía nadar, de modo que se prendió con desesperación de las ramas de un sauce llorón. Cuanto mas trepaba el tipo por las ramas, mas se inclinaban las mismas hacia el agua. La conmoción llamó la atención de dos caimanes que por allí pasaban, quienes se dedicaron a abrir las fauces en espera de que cayera el almuerzo del sauce.

Acosado por los caimanes en el agua, los perros y la vieja con la escoba en la orilla, mas los gritos del vecindario congregado en el lugar y las ramas del sauce cediendo poco a poco, el individuo vio como una liberación la llegada de la policía. Y se necesitó casi una hora para que bomberos, rescatistas, policías y agentes del servicio de vida salvaje, pudieran bajar al tipo del sauce. Cuando finalmente lo rescataron, dícese que el negro estaba blanco de espanto.
 


 Fuente:Desconocida 


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By Txuster  ////o\\\\